Internacional

París acogerá el 5 de marzo una cumbre internacional para respaldar al Ejército libanés y abordar el desarme de Hezbolá

El Gobierno de Líbano confirmó que el próximo 5 de marzo se celebrará en París una cumbre internacional destinada a reforzar el respaldo político y financiero al Ejército libanés, en un contexto marcado por el debate sobre el desarme del grupo chií Hezbolá y las persistentes tensiones en el sur del país por la presencia militar israelí.

La cita, que contará con la participación de líderes y delegaciones internacionales, es impulsada por el denominado Comité Quinteto —integrado por Egipto, Qatar, Francia, Estados Unidos y Arabia Saudí—, un bloque diplomático que ha ganado protagonismo en el escenario libanés tras el prolongado vacío institucional y el proceso político abierto con miras a la elección presidencial.

La portavoz de la Presidencia libanesa, Najat Charafedine, anunció oficialmente la fecha tras una reunión celebrada en el Palacio de Baabda, en la que participaron actores clave involucrados en la organización del encuentro. Entre ellos estuvieron el enviado especial de Francia para Líbano, Jean-Yves Le Drian, y Yazid bin Farhan, asesor del ministro de Exteriores de Arabia Saudí. Según lo informado, la cumbre será inaugurada por el presidente francés, Emmanuel Macron, y se enmarca en los esfuerzos internacionales por estabilizar al país en una fase considerada crítica para su gobernabilidad.

El encuentro había sido inicialmente previsto para febrero, pero fue reprogramado mientras se afinaban los detalles técnicos y políticos de un eventual mecanismo internacional orientado al desarme progresivo de Hezbolá, una iniciativa promovida principalmente por Estados Unidos y respaldada por otros miembros del Quinteto.

En paralelo, el Ejército libanés informó recientemente sobre avances operativos en el sur del país, especialmente al sur del río Litani, donde aseguró haber recuperado el control territorial tras desmantelar túneles, neutralizar infraestructura militar y confiscar armamento perteneciente al grupo chií. No obstante, las autoridades libanesas reconocen que la restitución plena de la zona a la soberanía estatal sigue incompleta debido a la permanencia de fuerzas israelíes en varios puntos estratégicos.

La ocupación israelí continúa siendo uno de los principales obstáculos para cualquier avance en el proceso de desarme. Hezbolá ha reiterado que no entregará sus armas mientras persista la presencia militar de Israel en territorio libanés y ha exigido tanto al Gobierno de Beirut como a la comunidad internacional que presionen para el cumplimiento integral del alto el fuego acordado en noviembre de 2024.

Pese a ese acuerdo, en los últimos meses se han registrado numerosos bombardeos israelíes en suelo libanés, que Tel Aviv justifica como acciones preventivas contra supuestas actividades de Hezbolá. El pacto establecía el repliegue tanto del Ejército israelí como de las milicias chiíes del sur del país, pero Israel mantiene al menos cinco posiciones militares dentro de Líbano, una situación que Beirut considera una violación directa de los compromisos asumidos.

Desde el lado israelí, las autoridades han expresado su preocupación por lo que describen como un ritmo acelerado de rearme de Hezbolá, al que acusan de fortalecer su capacidad militar más rápido de lo que los esfuerzos internacionales pueden contener. Esta percepción ha endurecido el discurso de seguridad de Israel y añade presión a las gestiones diplomáticas en curso.

En este escenario de frágil equilibrio, la cumbre de París busca consolidar el apoyo internacional al Ejército libanés como única fuerza armada legítima del Estado y avanzar hacia el principio del monopolio estatal de las armas. Los organizadores aspiran a coordinar acciones políticas, diplomáticas y financieras que permitan implementar un proceso gradual y verificable de desarme, al tiempo que se refuerza la estabilidad institucional y se acompaña la transición política del país.

Las conversaciones entre los actores internacionales continúan de forma intensa, con el foco puesto en garantizar la seguridad en la frontera sur, fomentar la cooperación regional y destrabar los puntos más sensibles del conflicto, entre ellos la retirada israelí y el cumplimiento efectivo de los acuerdos de desmilitarización. La cumbre del 5 de marzo se perfila así como una prueba clave para medir la voluntad política y la capacidad de la comunidad internacional de influir en uno de los escenarios más complejos y delicados de Oriente Medio.

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